LA ADOLESCENCIA.
La adolescencia es un período marcado por una gran preocupación por la identidad: ¿quién soy? ¿En qué me estoy convirtiendo? ¿Quién debería ser? Por lo tanto, no se sorprenda si su hijo se vuelve completamente ensimismado en algún punto de la adolescencia. Su interés por cuestiones familiares disminuirá a medida que sus relaciones con los amigos ocupen el centro de la atención. Después de todo, es a través de sus amistades que descubrirá quién es fuera de los confines familiares del hogar, y sin embargo, aun en el marco de las  relaciones con sus iguales, la atención de un adolescente se centra en sí mismo.
Mientras efectuábamos una investigación sobre las amistades de los niños, grabamos una vez una conversación entre dos muchachas adolescentes que resumía la preocupación del adolescente por sí mismo. Apenas se habían conocido, una de las muchachas reveló que había pasado el verano como asesora en un campamento para niños con trastornos emocionales. En lugar de pedirle más detalles, la segunda muchacha simplemente utilizó la información como una plataforma de lanzamiento para su propia exploración de sí misma.
¡Oh!, eso es realmente interesante - dijo la segunda muchacha -, pero yo no podría hacer nunca algo así. No tengo paciencia, mi hermana me da su nuevo bebé y pienso que es encantador, pero  cuando llora, simplemente se lo devuelvo, “no gracias”. No  creo que pueda ser madre alguna vez. De ninguna manera. No tengo paciencia. No entiendo cómo pudiste tener paciencia para ser asesora de esos niños. Supongo que tendría que ser más parecida a ti, pero no  estoy segura de que pueda. ¿Piensas que podría?
Y el monólogo continuó de esta manera. La muchacha se comparaba con su nueva amiga, preguntándose en voz alta sobre su capacidad de cambiar y crecer, considerando qué características de sí misma admiraba y cuáles odiaba. Si permitía que la atención se desviara  por un momento, no era porque quisiera conocer a su amiga más, íntimamente, sino porque quería ver a su amiga como un espejo para sí misma. Tal como ocurre con la mayoría de los adolescentes, su  amistad servía como vehículo para explorar su propia identidad. ; Aunque plantea un caso extremo, este ejemplo muestra la motivación que existe detrás del ensimismamiento del adolescente. A esa edad, los niños emprenden un viaje de autodescubrimiento y cambian constantemente de dirección, tratando de encontrar un camino verdadero. Experimentan con nuevas identidades, nuevas realidades, nuevos aspectos del yo. Esta exploración entre adolescentes es sana.
Sin embargo, su forma de emprenderla no siempre carece de complicaciones. Los cambios hormonales pueden provocar cambios de humor descontrolados y rápidos. Fuerzas nocivas del medio social  pueden explotar la vulnerabilidad de los jóvenes, poniéndolos en peligro por problemas como las drogas, la violencia o la actividad sexual insegura. Pero la exploración continúa es parte natural e inevitable del desarrollo humano.
 Entre las tareas importantes enfrentadas por los adolescentes  en esta exploración puede mencionarse la integración de la razón y la  emoción. Utiliza el tipo de juicio del que sólo podemos esperar que nuestros adolescentes pongan en práctica en situaciones en la que el corazón responde a una voz y la cabeza a otra.
Los adolescentes parecen enfrentar estas decisiones especialmente en temas relacionados con la sexualidad y la aceptación de sí mismos. Una muchacha se siente sexualmente atraída por un muchacho al que no respeta realmente. (“Es tan buen mozo. Lástima que tenga que abrir la boca y arruinarlo todo”). Un muchacho se descubre a sí mismo manifestando opiniones que alguna vez le objetó a su padre. (“¡ No lo puedo creer! ¡Parezco mi papá!”). De repente, el adolescente da cuenta de que el mundo no es tan blanco y negro. Está compuesto por muchas tonalidades de gris y, quiérase o no, todas estas tonalidades pueden englobarse dentro del adolescente mismo.
Si encontrar el propio camino en la adolescencia resulta difícil, ser padre de un adolescente también lo es. Esto es así porque la exploración del yo por parte de su hijo adolescente debe hacerse sin usted. En tanto que asesor y escritor, Michael Riera escribe: “Hasta este punto usted ha actuado como un 'manager' en la vida de su hijo: arreglando paseos y citas con los médicos, planificando salidas o actividades de fin de semana, ayudando en las tareas escolares y controlándolas. Se mantiene cuidadosamente informado sobre la vida escolar, y suele ser la primera persona a la que recurrirá su hijo para que le responda las grandes preguntas. De repente, todo esto deja de tener vigencia. Sin notificación previa y sin consenso, usted queda despedido de este rol de manager. Tiene que reubicarse y pensar en nuevas estrategias; si quiere tener una influencia importante en la vida de su adolescente a través de esta etapa y más allá de ella, debe tratar de que lo contrate de nuevo como consultor”.
Esta puede ser, por supuesto, una transición extremadamente delicada. Un cliente no contrata a un consultor que lo hace sentir incompetente o que amenaza con apoderarse del negocio. Un cliente quiere a un consultor en el que pueda confiar, que entienda su misión y ofrezca consejos firmes que lo ayuden a alcanzar sus metas. Y en este punto de la vida, la meta fundamental de un adolescente debe ser alcanzar la autonomía.
¿ Cómo puede usted desempeñar el papel de asesor? ¿ Cómo puede mantenerse lo suficientemente cerca como para ser un “entrenador emocional” y permitir al mismo tiempo que su hijo tenga la independencia que su desarrollo como adulto maduro requiere? Los siguientes son algunos datos que se basan, en gran parte, en el trabajo del psicólogo y escritor Haim Ginott:
Acepte que la adolescencia es un período en el que los hijos se separan de sus padres. Los padres deben aceptar, por ejemplo, que los adolescentes necesitan privacidad. Escuchar furtivamente las conversaciones de su hijo, leer su diario o hacer demasiadas preguntas le transmitirá el mensaje de que no confía en él. Esto, a su vez, levanta una barrera para la comunicación. Su hijo puede comenzar a considerarlo como el enemigo en lugar del aliado durante los tiempos difíciles.
Junto con el respeto a la privacidad de un hijo, debe respetar su derecho a ser a veces inquieto ya estar descontento. Permita que su hijo tenga el espacio para experimentar esta profundidad de sentimiento, evitando preguntas obvias como: “¿Qué te ocurre?” Su hijo adolescente puede sentirse triste, enojado, angustiado o abatido, y ese tipo de preguntas sólo implican que usted desaprueba estas emociones.
Si, por otra parte, su hijo adolescente le abre libremente su corazón, trate de no actuar como si entendiera instantáneamente. Debido a su perspectiva nueva, los adolescentes sienten que sus experiencias son únicas. Se sienten insultados cuando los adultos consideran que su conducta es transparente y sus motivaciones son obvias. Por lo tanto, tómese el tiempo necesario para escuchar a su hijo adolescente con una mente abierta. No suponga que ya sabe y comprende todo lo que su hijo tiene para decir.
Dado que los años de la adolescencia son un tiempo de búsqueda de la individualidad, sepa que su hijo adolescente puede elegir estilos de ropa, cortes de pelo, música, arte y lenguajes que a usted no le interesan. Recuerde que no necesita aprobar las elecciones de su hijo, sólo tiene que aceptarlas. De la misma manera, no trate de emular las elecciones de su hijo adolescente. Permita que su ropa, música, gestos y lenguaje representen la afirmación siguiente: “Soy distinto de mis padres y estoy orgulloso de ello”
 Muestre respeto por su hijo adolescente. Piense por un momento qué ocurriría si su mejor amigo lo tratara en la forma en que muchos padres tratan a sus hijos adolescentes.         ¿ Qué sentiría si fuera corregido constantemente, si le recordaran sus deficiencias o si se burlaran de usted acerca de temas delicados? Qué pensaría si su amigo le dedicara largos sermones y le indicara en tono crítico lo que tiene que hacer con su vida y la forma de hacerlo. Probablemente sentiría que esa persona no muestra mucho respeto por usted, ni le importan sus sentimientos. Con el tiempo, es probable que usted se aleje de su amigo y pierda la confianza en él.
Aunque no diré que los padres deben tratar a sus hijos adolescentes exactamente como amigos (la relación padre-hijo es mucho más compleja), diré sin duda que los adolescentes merecen por lo menos el mismo respeto que mostramos por nuestros amigos. Por lo tanto, lo alentaría a evitar la burla, la crítica y la humillación. Comunique sus valores a su hijo, pero hágalo en forma breve y sin ser sentencioso. A nadie le gusta que lo sermoneen, y menos a los adolescentes. Cuando surjan conflictos relacionados con la conducta de sus hijos adolescentes, no utilice etiquetas caracterológicas (perezoso, voraz, desaliñado, egoísta) para hablar de ellos. En lugar de esto, hable más bien en términos de acciones específicas diciendo  a su hijo hasta qué punto se siente afectado por lo que ha hecho. (“Cuando no lavas los platos, me molesta porque tengo que hacerlo en tu lugar”) y de ningún modo trate de usar psicología  inversa, por ejemplo diciendo a su hijo adolescente que haga exactamente lo contrario de lo que usted realmente quiere, anticipando que se rebelará y que usted obtendrá finalmente el resultado deseado. Estas estrategias son confusas, manipuladoras, deshonestas y muy pocas veces funcionan.
Ofrezca a su hijo una comunidad. Existe un dicho popular que afirma que “se necesita a todo un pueblo para educar a un niño”. En ningún otro momento resulta esto más cierto que en la adolescencia. Es por eso que le aconsejo que conozca a la gente que está relacionada con la vida diaria de su hijo adolescente, incluidos sus amigos y los padres de sus amigos. Una vez escuché a una mujer que hablaba en su iglesia acerca del trabajo que estaba llevando a cabo su hija adolescente para ayudar en la tarea de reubicación de los refugiados etíopes. La madre reconocía que el trabajo de la muchacha constituía un gran acto de  caridad y bondad, y pensaba que su hija era un excelente ser humano.
“Por más que a mi marido ya mí nos gustaría recibir todo el crédito por la forma de ser de nuestra hija”, dijo la mujer, “creo que el crédito lo debe recibir esta comunidad”. Siguió explicando que se habían producido dificultades durante la adolescencia de la muchacha, una época en que la hija se sentía tan perturbada que no hablaba ni con su madre ni con su padre. Pero durante toda la turbulencia, la mujer sabía que la muchacha pasaba tiempo en los hogares de los amigos y hablaba con los padres de ellos. Y dado que todos formaban parte de la misma comunidad, sabía que sus familias compartían los mismos valores. “Confié en esta comunidad y, como resultado de ello, nuestra hija ha crecido para convertirse en una mujer de la que todos estamos orgullosos”, afirmó la madre. “Pero no la educamos solos. Ha sido educada por toda esta comunidad”. Dado que no podemos ser todo para nuestros niños y en especial durante la adolescencia, aconsejo a los padres que les ofrezcan el apoyo de una comunidad que se preocupa por los que la integran. Puede ser a través de una iglesia, una sinagoga  o un grupo vecinal. Puede producirse simplemente a través de su propia familia o de una red informal de amigos. Lo importante es asegurarse de que sus hijos tengan acceso a otros adultos que comparten su ética y sus ideales. Serán personas en las que su hijo podrá confiar cuando tome distancia de usted en forma inevitable y natural, pero siga necesitando orientación y apoyo.
Aliente la toma de decisiones independientes mientras sigue siendo el “entrenador emocional” de su hijo. Es verdad que encontrar el grado acertado de participación en la vida de su adolescente constituye uno de los desafíos más duros que usted puede enfrentar como padre. Como siempre, alentar la autonomía significa permitir que los niños hagan lo que están preparados para hacer. Ese es el momento en que tomarán decisiones sobre cosas que importan. Ese es también un buen momento para que uno diga: “La elección es tuya”. Exprese confianza en el juicio de su hijo y no especule sobre los posibles resultados desastrosos a modo de advertencia.
Alentar la autonomía también significa permitir que su hijo adolescente tome decisiones imprudentes (pero no inseguras) de vez en cuando. Recuerde que los adolescentes pueden aprender tanto de los errores como de sus éxitos. Esto es especialmente cierto si cuentan con un adulto atento y sensible a su lado, alguien que los ayude a enfrentar sus emociones negativas respecto de los fracasos ya concebir formas de hacer mejor las cosas en el futuro.
Recuerde, nuestros estudios indican que el éxito les resultará más fácil a los jóvenes cuyos padres practican la capacitación emocional. Estos son los adolescentes que serán más inteligentes desde el punto de vista emocional, y que comprenderán y aceptarán mejor sus propios sentimientos. Tendrán más experiencia para resolver problemas por su propia cuenta y con los demás. Como resultado de ello, experimentarán más éxito desde el punto de vista académico y en sus relaciones con los pares. Al contar con estos factores de protección, estos adolescentes estarán preparados para enfrentar los riesgos temidos por sus padres cuando sus hijos ingresan en la adolescencia: riesgos como las drogas, la delincuencia, la violencia y el sexo inseguro.
Por lo tanto, lo insto a estar atento a lo que ocurre en la vida de su hijo. Acepte y convalide las experiencias emocionales de su hijo. Cuando haya un problema, escuche con empatía, sin emitir juicios, y sea un aliado cuando se acerque a usted con un problema en busca de ayuda. Aunque estos pasos son simples, sabemos ahora que constituyen la base de un apoyo emocional para toda la vida entre padres e hijos.