EN ESTA SECCIÓN PODRÁS LEER ARTÍCULOS RELACIONADOS CON LA EDUCACIÓN, Y ESTÁ ABIERTA A ÁRTICULOS QUE QUERÁIS DAR A CONOCER A TRAVÉS DE LA MISMA Y QUE PODRÉIS ENVIAR AL CORREO ELECTRÓNICO (En formato html, doc o sxw)  Correo mágico
ARTÍCULOS.
Nº 01.- ¿Funciona el sistema educativo?  Antonio Vega González.
Nº 02.- Estilos de aprendizaje. Internet y otros.Resumen de Antonio Vega.(Word).
Nº 03.- Adiós a las faltas de ortografía. Sheyla Walker. www.pnlnet.com
Nº 04.- La inteligencia emocional y la PNL. Fco. Javier López Sanz. www.pnlnet.com
Nº 05.- La realidad. Rosseta Forner. www.pnlnet.com
Nº 06.- Educar a los hijos en la autoestima. Silvia Moner. www.pnlnet.com
Nº 07.- ¿QUÉ ES SER  PERSONA? ¿QUÉ ES SABER VIVIR?  Inma Capo. www.pnlnet.com
Nº 08.- ¿QUÉ ES LA EDUCACIÓN?  Inma Capo. www.pnlnet.com
Nº 09.- ENTONCES, ¿QUÉ ES EXACTAMENTE EL ÉXITO? Colin Turner. www.pnlnet.com
Nº 10.- Aprendizaje natural.Sheyla Walker. www.pnlnet.com
Nº 11.- ¿Qué entedemos por Inteligencia Emocional? Gregorio Iriarte. www.pnlnet.com
Nº 12.- Establecer límites, saber decir que no. Bernabé Tierno. Psicólogo y psicopedagogo.
Nº 12.- El caldero mágico. Diana Frumento. ¡Algo realmente lindo!
Nº 13.- Utopía. Blanca Más Bárcenas. www.pnlnet.com
Nº 14.- Lo que tú quieras. Ricardo  Ros. www.pnlnet.com
Nº 15.- Una enseñanza eficaz. Eloisa Biurrun. www.pnlnet.com
Nº 16.- El alumno Kinestésico y el Fracaso Escolar. PNL. www.pnlnet.com
Nº 17.- Test para conocer tu ESTILO DE APRENDIZAJE
Nº 18.- Test para ESCOLAR para conocer el ESTILO DE APRENDIZAJE DE TU HIJO O ALUMNO. www.pnlnet.com
Nº 19.- ¿Usa usted saludablemente su lenguaje? Rodrigo Ríos. www.pnlnet.com
Nº 20.- Empezar por las personas. Antonio Vega.
Nº 21.- Autaoestima y coherencia. Ricardo Ros. www.pnlnet.com
Nº 22.- ¿FUNCIONA EL SISTAMA EDUCATIVO COMO SISTEMA?  Antonio Vega

 
 
Nº01.-¿ FUNCIONA EL  SISTEMA EDUCATIVO?
La realidad que veo es la siguiente:
1. Los profesionales de la enseñanza  pensamos que lo hacemos  suficientemente bien poniendo gran esfuerzo en ello, igualmente la administración educativa. Las inspecciones correspondientes valoran, en general,  muy positivamente el funcionamiento de los Centros, tanto de Primaria como de Secundaria.
2. Se han  aceptado, sin el mínimo rubor, porcentajes de fracaso escolar de en torno al 27-28 % (Datos maquillados). Y curiosamente, la mayor parte de este  fracaso parece que fuese hereditario: “De padres fracasados, hijos fracasados”. Triste, pero así es. ¿Y quién pone remedio?
3. Sabemos también que terminar, antes E.G.B. y ahora E. Secundaria, con resultados positivos, no garantiza que algunos alumnos sigan saliendo del sistema como  analfabetos funcionales y que a  veces se  promociona a algunos  alumnos de Primaria a Secundaria por motivos no estrictamente  pedagógicos.
4. El porcentaje de fracaso no ha mejorado sustancialmente en los últimos quince años a pesar de los esfuerzos económicos y las reformas educativas, LOGSE incluida. A la hora de valorar los resultados académicos existe una especie de aceptación resignada de los mismos, pero rara vez los profesionales nos planteamos cambios  en los enfoques y/o planteamientos metodológicos con los que se están trabajando, ni las Administraciones proponen actuaciones diferentes. Casi siempre se llega  a la conclusión de que la culpa de los fracasos escolares es: o de las familias, del ambiente, de las capacidades del alumno, ... , o del SISTEMA. Así que todo el mundo se queda tan contento y todo sigue igual.
5. Muchas veces adoptamos la estrategia de   echar la pelota a los de atrás: los culpables son los del nivel anterior que no preparan bien a los alumnos, así vamos pasando la responsabilidad a otros. Es hora de dejar de  buscar  culpables y pasar a encontrar soluciones.  Si hubiera  la suficiente coordinación entre los Equipos directivos y los distintos ciclos, el estado de las cosas  mejoraría.
6. Sé que el libro de texto puede facilitar la labor docente, pero a demasiados alumnos/as les  está perjudicando mucho más que ayudarles, pues:
· En muchísimos casos los contenidos de los  libros son tan complejos que ni los alumnos más aventajados tienen acceso a la información que contienen. ¿Será por eso que demasiados alumnos odian la lectura, aunque sea recreativa?
· La mayoría de los alumnos no son culpables de no poder acceder a la información que el libro les ofrece.
· Muchísimos alumnos han de enfrentarse al estudio de los contenidos de los mismos  sin tener la madurez lectora suficiente para poder utilizarlos como medio de aprendizaje.
· En demasiados casos son el único referente del maestro, muchísimo más que la  programación general del curso, que generalmente  suele estar archivada y olvidada , y terminar el libro supone una obsesión para muchos profesionales.
· Los libros determinan los contenidos, los procedimientos, las actividades, etc. ¡Hasta determinan el tiempo que habrá que dedicar a los distintos aspectos del lenguaje, las matemáticas, etc! ¿SERÁN ACASO LOS PROTAGONISTAS?
· Nunca se eligen los libros en función del nivel de los alumnos. Se eligen  sin conocer a los alumnos con los que se va a trabajar. Si el alumno se adapta al libro elegido, no hay problema, de lo contrario siente  una gran frustración,  pérdida de autoestima y  desmoralización que les lleva al fracaso.
· Además, los libros que utilizamos no tienen en cuenta algunos de los Principios Fundamentales de la LOGSE, tales como: la comprensividad, la enseñanza individualizada, o la contextualización; además de que gran parte de los aprendizajes que proponen no son nada significativos
¿Quiénes son los responsables de que esto sea así?. ¿Habrá soluciones? ¿O  acaso no las hay ? ¿Tendremos que a asumir un fracaso escolar tan enorme como algo endémico en nuestra  sociedad?
Algo es obvio:
Si continuamos haciendo lo que hemos hecho siempre, los resultados serán los mismos de siempre”.
Es pues necesario acometer cambios significativos en las labores docentes para poder ser optimistas y pensar que los resultados pueden mejorar.
El Consejo Escolar de Estado en su último informe, considera que se producen algunas carencias en la formación permanente del profesorado, en concreto en temas como la formación en contenidos procedimentales y actitudinales, la actividad tutorial, la coordinación, la investigación en el aula o la autoevaluación de programas profesores y centros. Parece por tanto conveniente – señala el documento- que los poderes públicos tomen las medidas necesarias para asegurar la coherencia entre las funciones educativas a desarrollar por los profesores y la formación que reciben”.
Los cambios que le esperan a la educación en el siglo XXI deberán apoyarse en  las nuevas tecnologías que empiezan a introducirse en las aulas, pues son muchas  las  posibilidades que ofrecen. El sencillo acceso a la información a través de Internet será determinante y obligará en breve a cambiar el concepto de escuela cuyo  panorama será completamente distinto al actual.
En cuanto a los contenidos, estos deberán ser más prácticos. Será fundamental la interpretación de la información; la capacidad de trabajo en grupo y de cooperación, sin abandono de  las enseñanzas instrumentales básicas. Las técnicas de mera reproducción memorística de conceptos irán perdiendo importancia. Los profesores irán poco a poco combinando su hasta ahora papel  de "transmisores de conocimiento" para cumplir el papel de "conductores de alumnos": les enseñarán a leer comprensivamente, a resumir, sintetizar, seleccionar los contenidos relevantes, a asimilarlos, a interrelacionarlos y a ponerlos en práctica. Habrá que evaluar, por tanto estas capacidades tanto o más que los meros conocimientos. Tendrán que  producirse cambios en la mentalidad del profesorado para convertirse en guía del aprendizaje y habrá que poner en marcha iniciativas que faciliten la formación continua en conocimientos, metodologías y recursos didácticos y  replantearse la formación inicial del profesorado.
Los materiales también cambiarán al sustituirse los libros por disquetes y por CD-ROM.
La nueva Intranet nos llevará a una nueva pedagogía. La informática hará posible una enseñanza individualizada. Se deberán seleccionar contenidos que proporcionen aprendizajes significativos que sirvan al alumno dentro y fuera de la escuela.
Si uno de los factores  de una escuela de calidad es el ambiente sociocultural de las familias, habrá que mejorar la participación de la familia y otras instituciones, pues la escuela no podrá alcanzar por sí sola sus metas.
Será necesario replantearse los objetivos de la educación. La adaptación a las nuevas situaciones será uno de los grandes retos de la educación del futuro y la política educativa deberá estar esencialmente orientada hacia los problemas sociales para evitar la marginación existente. El desencuentro entre padres y profesores debe resolverse para que cada cual pueda aportar el máximo a la escuela que deseamos.
¿Pero como hacer que las cosas cambien? ¡Esto sí que es difícil.!
En general, en la mayoría de los  colectivos, el docente incluido, ponemos una gran resistencia  a los cambios, tanto para la innovación como  a la hora de   evitar  problemas y/o responsabilidades.
Es algo  generalizado el hecho de  que las personas tendamos a evitar lo desconocido. Nos refugiamos  en valores y hábitos que ya conocemos. Procuramos hacer aquello con lo que estamos familiarizados. Reaccionamos contra lo nuevo, nos  resistimos  a los cambios, tanto en el trabajo como en la vida privada, en las concepciones políticas, religiosas, etc. De este modo creamos una zona de comodidad desde donde nos resulta difícil aprender o hacer cosas nuevas, nos duele cambiar nuestras actitudes porque implica salir de la zona de comodidad. No obstante el verdadero aprendizaje está fuera de la zona de comodidad. En tiempos de transición como los actuales, la preservación no es una buena opción. El conocimiento humano tardó más de un millón de años en llegar a la fase agrícola, millares en llegar a la época industrial, etc., hoy cada dos años se duplican estos conocimientos” (Lair Ribeiro)
 Los enseñantes no debemos quedarnos en la zona de comodidad, nuestro trabajo requiere una adaptación permanente.
Las formas tradicionales del saber, del aprendizaje, etc.,  se vuelven obsoletas. Sería necesario modificar determinados patrones, intentando desde la escuela que nuestros alumnos APRENDAN A APRENDER. Esto supondría un cambio de mentalidad de gran parte del profesorado, que hasta ahora básicamente  se dedica a instruir, debiendo  orientar su trabajo a que los alumnos adquieran las técnicas necesarias que en el futuro les permitan conseguir  cualquier tipo de conocimientos de forma autónoma.(APRENDER A APRENDER)
Insisto: Tranquilamente se ha venido asumiendo en los últimos años un fracaso escolar de  entorno a   un 27-28 % (Datos maquillados), sin que se hayan puesto  medidas correctoras eficaces. Pero si  hay algo obvio, es que: “ Si seguimos actuando del mismo modo que hasta ahora, no hay razón objetiva alguna para pensar que los resultados mejoren”. Es imprescindible y necesaria una profunda reflexión, introduciendo cambios sustanciales en las formas y maneras de plantearse la labor Educativa, para así poder esperar resultados más ambiciosos y GENERALIZADOS.
Los poderes públicos tienen en ello la primera palabra, pero los profesionales de la enseñanza también pueden poner a funcionar los medios de que disponen.
                                                        Antonio Vega González
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Nº 02. Archivo de Word
Nº 03.  Adiós a las faltas de ortografía. Sheyla Walker
 ¿Por qué las palabras se escriben como se  escriben? ¿Por qué una palabra tan sencilla como  "habilidad" se escribe con ""h" y con "b"? Se  escribe así porque la lengua española ha ido  evolucionando durante siglos y se ha establecido  que haya unas normas ortográficas para todos. Sin  embargo, una palabra elegida al azar tiene trece  posibilidades sobre catorce de no estar incluida en  ninguna norma ortográfica. ¿Cómo sabemos que  una palabra está bien escrita? Simplemente,  sabemos que está bien escrita porque utilizamos  una estrategia mental que nos lo indica. Quienes  tienen faltas de ortografía es debido a que no  utilizan la estrategia mental adecuada. En este  artículo se explica cómo lo hacen quienes no tienen  faltas de ortografía. Y, ya sabe, si alguien puede  hacerlo, usted también. Enseñar a los alumnos esta  estrategia les permitirá superar sin dificultades este  importante aspecto.
 ¿Qué diferencia a una persona que tiene una buena ortografía  de otra persona con mala ortografía? Veamos qué diferencias  hay entre una y otra:
 Empecemos con las personas que tienen mala ortografía:  Cuando oyen una palabra se imaginan lo que representa esa palabra. Por ejemplo, si oyen la palabra "ventana" y son predominantemente visuales, se imaginan una ventana pero en la imagen de una ventana no se tiene constancia de su ortografía. Si son kinestésicos lo que seguramente harán será crear una sensación respecto a la ventana, relacionada con sentimientos asociados con ventanas. Si son auditivos, lo que posiblemente harán será repetir en su interior la palabra "ventana" a ver cómo suena mejor (pero en español no hay diferencia de sonido entre "b" y "v"). En cualquier caso, dudan de cómo se escribe la palabra.
¿Qué hacen las personas que tienen buena ortografía? Cuando escuchan una palabra buscan mentalmente la imagen de esa palabra y ven todas las letras que la componen. Es como si tuvieran una pantalla mental, un archivo, en el que van guardando las palabras escritas en imágenes. De esta forma, saben, por la calidad de la imagen, si pueden escribir esa palabra con total seguridad o no. Si la ven pequeña, oscura o borrosa tendrán duda sobre su ortografía y lo que harán será buscar una palabra parecida, con la misma raíz, o bien escribirán la palabra de las dos maneras posibles ("ventana" y "bentana") y la forma incorrecta será evidente ante sus ojos.
Oye la palabra. Recuerda visualmente la palabra. Chequea la sensación de la palabra, y finalmente escribe la palabra.
La única manera de saber cómo se escribe una palabra es viéndola mentalmente. Si tratamos de oírla o de sentirla no sabremos su escritura correcta. ¿Cómo se puede ayudar a los alumnos a mejorar su ortografía? En primer lugar mejorando su memoria visual por medio de ejercicios de visualización. En segundo lugar deletreando palabras al revés, de detrás hacia delante (es imposible hacerlo sin visualizar las letras). Se puede empezar con palabra de tres letras e ir ampliando poco a poco. Por último, haciendo dictados y tratando de buscar sensaciones de seguridad en la ortografía.
Algunos alumnos pueden necesitar una atención individualizada, pero en general es posible instaurar esta estrategia de forma grupal. Un mínimo número de alumnos puede necesitar el apoyo de especialistas que le enseñen a visualizar las palabras.
Es curiosa la existencia de alumnos que tiene faltas de ortografía en español, pero no las tienen cuando estudian inglés o francés. Esto es debido a que cuando inician el estudio de una lengua extranjera desarrollan estrategias que no han puesto en marcha cuando han aprendido su lengua materna.
Según Vicente Barberá, hay cinco palabras que producen el 10% de los errores.
Otros autores afirman que conociendo quince palabras se domina el 30% de los errores y que conociendo 67 disminuyen el 60% de los errores. A estas palabras las han llamado "vocabulario básico cacográfico". Por lo tanto, si se hacen ejercicios de dictado conteniendo estas palabras, la posibilidad de eliminar errores en la ortografía aumenta considerablemente. Igualmente, si se conocen las reglas básicas de ortografía que no tienen excepciones (como B+consonante, illo-illa, M antes de P ó B, verbo haber, pretérito imperfecto en –aba, hie hue, reglas de acentuación y diferencias entre homófonos) y se automatizan, las posibilidades de cometer errores ortográficos disminuyen considerablemente.
Ejercicio
1.Mira la palabra escrita, pero sin pronunciar interiormente sus letras. Cierra los ojos e imagínatela, mírala mentalmente sin pronunciarla.
2.Imagina escrita en el aire la palabra anterior. Métela dentro de una "pantalla mágica" que estará por encima de la línea horizontal de tus ojos.
3.Dibuja con tu dedo índice la palabra en el aire, como si el aire fuera una pizarra.
4.Deletrea la palabra primero desde el principio y después desde el final.
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Nº04. La inteligencia emocional y la PNL (Programación  Neurolingüística)
Fco. Javier López  Sanz
El concepto de la “inteligencia emocional” está cobrando cada vez mayor importancia en diferentes ámbitos, tanto en el del desarrollo personal como en el del profesional, desde la publicación del libro de Goleman con el mismo nombre. En este artículo trato sobre la inteligencia emocional y de las habilidades que la componen, así como del papel que puede jugar la PNL en su desarrollo como disciplina del modelado de habilidades y de exploración de la experiencia subjetiva.
La inteligencia emocional es un conjunto de habilidades que contribuyen a la disposición de la capacidad para conseguir que nuestras reacciones ante determinadas situaciones nos permitan la mejor adaptación posible a nuestro entorno y con ello aumentar nuestras posibilidades de supervivencia y, por lo tanto, de éxito. La inteligencia emocional es un concepto que incluye el conjunto de habilidades que tienen esta finalidad. La PNL, como técnica de modelado de habilidades, ofrece estructura, modelos y técnicas para su desarrollo.
La competencia emocional la concretaría en cuatro habilidades básicas, combinando dos factores: el ámbito y el tipo de actividad. Según el ámbito pueden ser intrapersonales o interpersonales. Según el tipo de actividad, de conocimiento o de control. Así, combinándolos tenemos:
Habilidad para el conocimiento intrapersonal, habilidad para el conocimiento interpersonal, habilidad para el control intrapersonal y habilidad para el control interpersonal de las emociones. La habilidad de conocimiento, tanto a nivel intra como interpersonal, implica la identificación de la emoción en cada uno de sus componentes, y su comprensión de su configuración. La habilidad de control, igualmente tanto a nivel intra como interpersonal, implica la habilidad para neutralizar o cambiar, ya sea intensificando o mitigando, las emociones. Como resultado de todo ello tendremos un mejor control de las emociones, actuando sobre nuestro temperamento y mejorando nuestra motivación, así como una mejora en nuestra competencia social para poder ayudar a los demás.
Una emoción tiene una estructura de tres niveles: mental, neurofisiológico y expresivo. La PNL focaliza su atención sobre estos tres aspectos, sobre los programas, la neurología y los comportamientos, entre ellos el lenguaje. La PNL, como disciplina de modelado, permite el análisis y el aprendizaje de aquellas habilidades relacionadas con el control emocional. Como disciplina para el estudio de la experiencia subjetiva, ofrece estructuras, modelos y técnicas, así como sus propios principios, para la identificación de las emociones y su comprensión.
Algunos de estos elementos son: el principio de intención positiva del comportamiento, las submodalidades, los metamodelos del lenguaje, los metaprogramas, la sintaxis somática y las técnicas de sintonización, entre otras. El principio de intención positiva permite comprender la función de la emoción e iniciar un adecuado camino para aceptarla y cambiarla adecuadamente. Los anclajes nos permiten entender algunos desencadenantes de las emociones. El análisis de las submodalidades permite la diferenciación de su proceso, así como su modificación. El metamodelo permite un análisis del contenido del diálogo interno y de los patrones que configuran determinadas estrategias mentales que las provocan, así como la posibilidad de cambiarlo. Del mismo modo, el conocimiento de los metaprogramas permite añadir nuevas formas de comprensión de esos patrones. La sintaxis somática permite explorar e intervenir en la vinculación de los comportamientos con las estrategias mentales. Las habilidades relacionadas con la sintonía, en cualquier nivel, posibilitan unos comportamientos más eficaces en nuestras relaciones de ayuda.
El conocimiento de las emociones, tanto propias como ajenas, estaría dentro del desarrollo de la habilidad básica de calibración, con la identificación de los cambios o de la forma de manifestarse las emociones. En este sentido, podríamos calibrar, es decir, percibir las diferencias, entre cada una de las emociones, de su intensidad y de cómo evolucionan en el tiempo, así como de su manifestación en estímulos en principio similares. También podemos conocer las emociones investigando sobre las diferencias en su proceso, analizando las submodalidades, dentro de nuestra mente o en la de los demás.
También, el análisis del diálogo interno, como otro componente del contenido de algunas emociones, a través de los modelos lingüísticos, nos pueden permitir encontrar pautas que pueden dar interesante información sobre las emociones.
Así pues, PNL e inteligencia emocional son dos conceptos claramente vinculados. La inteligencia emocional es un interesante modelo sobre una parte del comportamiento humano. La PNL es una disciplina orientada al conocimiento de la experiencia subjetiva, lo cual estaría vinculado con las habilidades de conocimiento de las emociones, y al modelado de habilidades, lo cual estaría relacionado con el control de las emociones.
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Nº 5. La realidad. Rosetta Forner.
¿Cómo me puedo yo servir de la realidad? ¿Cómo
puedo hacer para darle la vuelta a la situación y
hacerla favorable a mí? ¿Cómo podría yo sobresalir
entre todo esto?  La realidad es la que es, y créame,
la solución no está en que cambie el exterior, realidad
o como quieras llamarlo. Por más que cambiasen las
cosas fuera, usted se daría cuenta que nunca han
cambiado completamente a su gusto.  Por lo tanto,
deje de lamentarse de lo mal que están las cosas y
de lo difícil que es la vida y  pase a la acción.  Cambie
usted y cambiará su vida.  Los cambios dentro de
nosotros trascienden al exterior y se ven los resultados”
 
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Nº 06. Educar a los hijos en la autoestima. Silvia Moner .
El nivel de autoestima de una persona, si se quiere o valora lo suficiente, determina en gran medida las expectativas que tiene de ser feliz en la vida.
Los acontecimientos externos que nos sacuden día tras día a lo largo de nuestras vidas, tendrán una mayor o menor repercusión de acuerdo con el nivel de autoestima que cada uno tenga de sí mismo.
Conocemos muchas personas que han sido marcadas por acontecimientos que no han podido superar por contar con un bajo nivel de autoestima. También conocemos casos contrarios: gente permanentemente acosada por percances dolorosos y negativos y que sin embargo han contado con la entereza suficiente para salir adelante.
El grado de autoestima marca de manera determinante nuestras vidas y por eso es importante transmitir ese control a nuestros hijos.
La educación de los niños se mueve continuamente en ámbitos, cuando menos contradictorios, que confunden al niño y le llevan a desarrollar bajos niveles de autoestima.
Algunas situaciones que crean en el hogar obstáculos para el desarrollo de la autoestima de los niños son todas aquellas en las que se infunde al niño cualquier tipo de maltrato tanto físico como psicológico.
Las amenazas, las humillaciones, ridiculizarle o menospreciarle o transmitir que sus pensamientos o sus sentimientos no tienen valor ni importancia.
También se puede afectar el nivel de autoestima de un niño cuando se le educa sin ninguna norma ni criterio o con normas contradictorias, confusas u opresivas, o se le intenta controlar mediante sentimientos de vergüenza o culpa.
De la misma manera la sobreprotección que impide su crecimiento personal o el envolverle en un mundo ilusorio, irreal y fantástico donde todo es maravilloso es igualmente deformante.
Es frecuente en cualquier hogar situaciones en las que intenta ocultarse la verdad al niño. Se suele decir que es por su bien, pero lo único que produce en él es pérdida de autoestima.
 No es sano intentar negar lo evidente delante de un niño por que supone un insulto para su inteligencia. Lo verdaderamente positivo sería intentar hacerle comprender las cosas a su nivel, sin necesidad de intentar negar nuestros propios sentimientos. Además esta oportunidad puede suponer un aprendizaje para que él mismo también pueda identificarlos.
Un simple ejemplo, muy común por cierto, puede servirnos para ilustrar cómo aprovechar situaciones, en principio traumáticas, para fomentar el desarrollo de la autoestima de nuestros hijos.
Un niño pregunta a su padre: ¿Estás enfadado papi? Y su padre le responde con un grito: ¡No!
El padre está evidentemente enfadado pero no lo reconoce delante de su hijo. Lo niega. Le miente y, lo que es más importante, el hijo se siente herido por el grito de su padre y por su mentira, por no confiar en él y por insultar a su inteligencia. El resultado es que su autoestima se desmorona. Su padre no ha confiado en él y lo ha tratado como a un estúpido, no lo ha valorado.
El padre tenía todo el derecho del mundo a estar enfadado, como lo puede estar cualquiera en un momento dado, pero no aprovechó su enfado para comunicarle con sinceridad lo que sentía a su hijo.
Intentar explicarle su sentimiento de enfado a su hijo le hubiera servido a éste para comprender a su padre, aprender a reconocer ese sentimiento y a expresarlo correctamente, sentirse orgulloso por haber sido comprendido por su padre y por tanto para aumentar su autoestima.
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Nº 07. LO QUE TODO EL MUNDO DEBERÍA APRENDER: ¿QUÉ ES SER PERSONA? ¿QUÉ ES SABER VIVIR?  Inma Capo.
Ser Persona es algo más de lo que nos han enseñado. Un ser adulto es el resultado de la educación recibida y sus experiencias, que habrá experimentado según los patrones de conducta aprendidos. Pero quizá esos patrones o “cartas de navegación” ya no le son útiles, y nadie le dijo qué tendría que hacer en ese caso. Ese caso se da cuando el grado de insatisfacción en la vida diaria hace que la persona tome decisiones erróneas o perjudiciales para su bienestar o, si hay suerte, pida ayuda.
Bien, pues todo ello sería mucho más fácil si se nos enseñara el manejo de nuestro ordenador personal: nuestro cerebro. Ahí es donde radica nuestra programación, la base de datos que, si no se actualiza, puede tener más de un virus, o simplemente, haber quedado obsoleta. Ser Persona es pues tomar las riendas de la propia vida, ser responsable de sí mismo, independientemente de la educación recibida y de las circunstancias externas. Saber Vivir es ser capaz de elegir la mejor respuesta que podamos dar ante cualquier impulso o circunstancia externos, estando bien con nosotros mismos. Para ello, sólo se precisa una cosa: saber cómo se hace.
Y eso es, nada más y nada menos, lo que enseñamos a través de la PNL, la única ciencia actual que pone al individuo en contacto con sus recursos y potenciales internos, para que sepa cómo alcanzar el nivel de Excelencia Personal que él mismo se fije: cómo llevar la nave de su vida por el rumbo elegido y al puerto deseado. Y ese es un reto personal, que no todos quieren aceptar, porque es mucho más cómodo echar la culpa a los demás de las cosas que nos ocurren. ¿De qué le sirve saber muchas asignaturas, sino sabe ser feliz? ¿Qué aporta a la sociedad y a sí misma una persona infeliz, deprimida, desgraciada?
Estas enseñanzas son prácticas, rápidas y eficaces, aumentando el nivel de consciencia del individuo para que sea una persona más plena, con recursos para poder actuar conscientemente ante cada impulso externo en todo momento, dándose cuenta que sus respuestas ante el entorno dependen única y exclusivamente de él mismo.
En USA, Inglaterra, Alemania, Australia y otros piases, la PNL es de uso obligado tanto en centros de enseñanza, como de formación de formadores, ejecutivos, empresarios, etc. Su campo de aplicación no es únicamente terapéutico, ya que abarca todas las manifestaciones del ser humano. Allí donde haya una persona, si “es PNL”, será una Persona feliz: sabrá cómo comunicarse con los demás, en relaciones ganar-ganar, será consciente de qué tiene que hacer en cada momento, guiado por sus objetivos internos y será congruente consigo mismo. Será una Persona digna de ser “modelada” por los demás, la Persona a quien la gente se acerca porque tiene “ese algo especial” que todos admiramos: vitalidad, energía, independencia, fuerza interior, paz y amor.
Los únicos requisitos necesarios para alcanzarlo son: curiosidad, mente abierta, ganas de aprender y divertirse, con un único objetivo: descubrir quién soy y quién quiero llegar a ser. El resto lo ponemos nosotros.
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Nº 08. ¿QUÉ ES LA EDUCACIÓN?  Inma Capo.
No hay más que una educación, y es el ejemplo” Gustav Mahler.
Si todos fuésemos conscientes de esta premisa, la sociedad que tenemos sería hoy algo muy distinto.
Cada ser adulto está emitiendo constantemente hacia el entorno una información, tanto verbal como no verbal, de la cual generalmente no es consciente, pero si responsable. Sin embargo, los niños y adolescentes, esos cerebros nuevos recién llegados, totalmente permeables e indefensos, perfectamente preparados para captar la información constante del entorno que les permita sobrevivir, adaptarse, aprender y desarrollarse, están absorbiendo como una esponja cada palabra, cada gesto, cada estímulo, cada sensación, cada sonido, cada imagen... y con todo ello, para bien o para mal, configurarán su propio mundo. Y actuarán de acuerdo a esa configuración o programación recibida.
Pregunto: ¿hay alguien que controle o filtre esas informaciones, esos estímulos...? La respuesta es NO. Cada padre y madre, con preparación o sin ella en la mayoría de los casos, -lo cual tampoco hay nadie que controle-, se aventura más o menos conscientemente en la tarea de poblar el planeta, según los ejemplos que a su vez hayan recibido de su entorno y sea cual sea su nivel o desnivel cultural.
Para intentar paliar tal desacato social, se crea la figura del Maestro o Preceptor, Tutor o Profesor, es decir, alguien que, según ciertos criterios socialmente aceptados, se prepara para sumir tan inefable y ardua labor: educar a un ser humano.
Pero el tema es tan amplio, que debe especializarse: profesor de Lengua, Literatura, Matemáticas, Geografía e historia, Ciencias, etc. Y las distintas áreas del saber humano van sembrándose, con mayor o menor éxito, en los cerebros de los alumnos. En efecto, las cosechas no siempre dan el fruto apetecido, culpándose generalmente al sufrido “suelo” y nunca al “sembrador”.
Siguiendo con esta metáfora, preguntaríamos a los maestros: ¿han abonado y preparado debidamente el terreno? O dicho de otro modo, ¿estaban personalmente preparados para comunicar la información? ¿Son conscientes de su influencia? ¿Saben reconocer la forma en que cada alumno recibe y procesa la información? ¿Dan a cada alumno lo que necesita según sus características individuales? ¿Qué creencias y valores están transmitiendo junto con su asignatura? ¿Cómo están ayudando a crecer y evolucionar a esa joven persona? ¿Es el ejemplo que dan digno de ser modelado?
Pero hay algo más importante: ¿dónde están los Maestros que enseñen a vivir? ¿Cuál es la asignatura que enseña a amar, respetar, compartir, comunicarse, ser responsable e independiente, saber elegir una pareja o simplemente, usar el libre albedrío? Se supone que esa parte fundamental de la educación recae en las familias, pero como tampoco son en su mayoría ejemplares, no se preocupan normalmente por mejorar, aprender o reciclarse; por el contrario, siguen repitiendo los obsoletos roles aprendidos de generaciones anteriores o copian de la mediocridad del entorno, por lo que el resultado es siempre el mismo: problemas, infelicidad, enfermedad, delincuencia, adicciones, dependencias, cuando no suicidios y asesinatos. Y todo ello bien sembrado, a fondo, en las capas más vulnerables del individuo: en su infancia.
Podemos, cómodamente, pensar que todo podría ser aún peor, o podemos por el mismo precio, pensar que cada uno de nosotros puede hacer algo para que esto cambie.
Mi propuesta es un plan de acción que cubra, controle y siga:
·  Formación para nuevas parejas y reciclaje para padres y madres.
·  Escuelas para padres, asociaciones, etc.
·  Formación humanística para el profesorado, sea cual sea su área de enseñanza.
·  Colegios, Institutos, Universidades, etc.
En ambos casos, son los centros de enseñanza quienes están mejor preparados para decidir e influir en que estos cambios, que en el fondo toda la sociedad apetece, se lleven a cabo poco a poco, integrándose dentro de un nuevo paradigma de enseñanza, educación y sociedad.
La sociedad la formamos entre todos, y cada uno de nosotros, a su nivel, puede aportar su nueva semilla para que en nuestro futuro germinen unos frutos de los que todos podamos sentirnos orgullosos y llenos de la mejor de las satisfacciones: la del deber cumplido.
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Nº 09. ENTONCES, ¿QUÉ ES EXACTAMENTE EL ÉXITO?
El éxito es el logro continuado de objetivos planificados que valen la pena para el individuo.
La mayoría de la gente mide su éxito comparándose con los demás; pero el verdadero éxito es el partido que extraen las personas de sus posibilidades, el modo en que las desarrollan y las mejoran, y debe relacionarse con los objetivos y con las metas personales de cada uno.
El éxito, no obstante, no consiste en el logro de la  meta ( aunque la sociedad preferiría que midiésemos así el éxito); consiste, más bien, en el viaje hacia la meta. Lo grande, como dijo Oliver Wendell Holmes, no es más bien dónde estamos, sino el sentido en que nos  movemos. El éxito es un viaje, es la consecuencia de actitudes y de hábitos que se adquieren a lo largo de ese viaje. No se trata tanto del fruto de unos talentos y de unas capacidades fuera de lo común, sino de aprender a aplicar esos talentos y esas capacidades. No es cuestión de hacer cosas fuera de lo común, sino de hacer cosas corrientes, pero haciéndolas excepcionalmente bien.
Es preciso, por lo tanto, decidir y establecer continuamente metas y objetivos. Si usted establece una serie de metas y las alcanza todas, entonces deberá establecer otras metas nuevas, más elevadas, pues de lo contrario ya no podrá seguir triunfando. Es posible que haya triunfado, y mucho, en el pasado; pero si ya no tiene un objetivo que alcanzar, dejará de ser un triunfador. Por otra parte, si ha decidido cuáles son sus metas, pero no trabaja para alcanzarlas, entonces no está triunfando. Por último, si ha establecido sus metas y trabaja para alcanzarlas, pero esas metas no valen la pena para usted, entonces no está triunfando.
El factor importante que es preciso comprender es que cualquier desarrollo de sus posibilidades desaprovechadas es una meta que vale la pena. El éxito está relacionado, entonces, con hacer esas cosas que usted no ha hecho todavía; no se mide por comparación con las cosas que ya han hecho los demás.
Creo que un motivo importante por el que las personas no consiguen lo que desean es que les falta este concepto claramente definido de lo que es el éxito; y esto arranca del hecho de que, aunque pueden sentir que quieren triunfar, no definen claramente lo que quieren. En consecuencia, son incapaces de saber lo que son capaces de conseguir, y, por lo tanto, optan simplemente por quedarse como están. Como dice Shakespeare en Hamlet:
Señor; sabemos lo que somos, pero no sabemos lo que podemos ser.
Aunque se suele relacionar el éxito con las riquezas materiales, la gente suele prestar mayor atención a las ventajas que les aporta el mismo éxito: la fama, el prestigio, la seguridad y, por encima de todo, la tranquilidad de espíritu.
Las riquezas, el dinero o la prosperidad no tienen absolutamente nada de malo cuando se han ganado rectamente. A nosotros, los occidentales, se nos ha condicionado para hacemos creer hasta cierto punto que la acumulación de bienes materiales es inicua. El dinero no es bueno ni malo. La riqueza puede ser un subproducto muy natural del éxito en el logro de una meta que se ha establecido de antemano por valer la pena.
Pero el dinero, por sí sólo, es bastante poco fiable como barómetro del éxito. Por ejemplo, cuando el propósito único de un individuo es la acumulación de dinero, tal meta no puede valer la pena, pues sucederá con frecuencia que la persona acabe siendo esclava en lugar de señora; y nadie puede hacer realidad sus posibilidades de ese modo.
Las lecciones de los siglos han demostrado que el éxito es algo más que la mera acumulación de riquezas; y, a la inversa, nadie puede ser un fracasado completo, por vacía que tenga la bolsa, si vive una vida de avance diario hacia sus metas y hacia el servicio a los demás. No se trata de un tópico altruista, pues las leyes inmutables del universo, que nos afectan garantizan las recompensas. Tanto Donald Trump como la madre Teresa de Calcuta pasarán a la historia, pero por logros diferentes.
                                                                                                             Colin Turner
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Nº 10. Aprendizaje natural, por Sheyla Walker
Uno de los mayores problemas con el que se enfrentan los estudiantes es el de dejar que su mente aprenda de forma natural, de forma espontánea. En este artículo se aboga por el aprendizaje integral, aquel que utilizamos todos de forma espontánea para aprender en la vida cotidiana y que dejamos de utilizar en relación con el aprendizaje escolar.
Los niños tienen, por su propia naturaleza, un extraordinario interés por aprender cosas nuevas y una facilidad pasmosa para hacerlo.  Durante la primera infancia, los seres humanos aprendemos mas del 80% de todo lo que aprenderemos durante nuestra vida. Millones de neuronas establecen conexiones sinápticas, creando nuevos y nuevos conocimientos.  Los niños van integrando todos estos conocimientos hasta desarrollar una visión del mundo que les permita sobrevivir. Y estos conocimientos los van adaptando  a gran velocidad –el cerebro humano o aprende rápido o no aprende-  de forma completamente natural, sin hacer nada especial, sin utilizar ninguna técnica. Millones de nuevos aprendizajes se van acumulando, desde el aprendizaje del idioma materno, hasta aprender a atarse los cordones de los zapatos.
Esto es así hasta que llegan a la escuela. Porque cuando llegan a la escuela se les enseña a hacer las cosas de otra manera.  En primer lugar, de dar preferencia absoluta a sus sentidos, pasan a tener que dar preferencia exclusiva a su cabeza, a su parte más racional. Los seres humanos nos ponemos en comunicación con el mundo a través de los sentidos. El niño, desde que nace, aprende a través de los sentidos. La escuela le obliga a alejarse de su sistema natural de aprendizaje, a través de los sentidos, para pasar a aprender sólo con la cabeza.
En segundo lugar, desde que nació, el niño ha aprendido de forma relajada, utilizando frecuencias cerebrales bajas. Científicamente se ha demostrado que se aprende mejor y más rápido cuando nuestro cerebro se sitúa alrededor de los 10Hz. Un niño de ocho años está prácticamente siempre en 10Hz, completamente concentrado en lo que está haciendo. En el colegio se le obliga a subir la frecuencia cerebral, con lo que pierde concentración y rendimiento.
En tercer lugar, el niño ha aprendido moviéndose, a través de su expresión corporal, con ritmo y música. En el colegio se le obliga a estar sentado y quieto, sin hablar, como si fuera una estatua pasiva.
En cuarto lugar, el niño ha aprendido de forma integrada, unificada, mientras que en el colegio su aprendizaje es parcial, separado por asignaturas o materias. Hasta ese momento, el niño ha aprendido de su entorno, de la vida cotidiana. En el colegio aprende de forma teórica, sin conexión con su propia realidad.
En quinto lugar, el niño ha aprendido a través del juego, de forma alegre y despreocupada, mientras que cuando llega al colegio se le presenta el aprendizaje como una obligación, como algo que sólo puede hacerlo a fuerza de voluntad, algo difícil y arduo, que conlleva sacrificio.
En sexto lugar, el niño memoriza por asociación de ideas, de conceptos, de sentimientos, mientras que en la escuela se le obliga a memorizar por repetición.
En resumen, podemos decir que de usar la fantasía, la diversión, los sentidos, las vivencias, se les obliga a utilizar sólo su raciocinio. Incluso en asignaturas como música o gimnasia, se les obliga a utilizar su parte más racional. De un aprendizaje natural se pasa a un aprendizaje artificial.  Y ahí empiezan los problemas, las inadaptaciones, los fracasos, las dificultades.
Devolver la naturalidad al aprendizaje es un reto para todos los profesionales de la enseñanza.
 
Nº 11.- ¿Qué entendemos por inteligencia emocional...?  Gregorio Iriarte
Tradicionalmente, se ha medido la inteligencia de las personas en función de su capacidad para resolver problemas de física, de matemáticas, de química, o para exponer conceptos filosóficos u otras ramas abstractas del saber.
El grado de esa inteligencia es medido, en forma "científica", a través de los famosos "test del cociente intelectual" y, de un modo mucho más simple, por medio de los consabidos exámenes.
La inmensa mayoría de los maestros, profesores y catedráticos están convencidos de que sus criterios de evaluación, basados exclusivamente sobre ese concepto de inteligencia, son objetivos y justos.
Sin embargo, no pocas veces, la realidad de la vida, nos da un veredicto totalmente contrario. No son, con demasiada frecuencia, esos alumnos calificados con altas puntuaciones por sus maestros quienes logran más éxito en su vida profesional, social o familiar.
Después de una excesiva y exclusiva veneración a los "test del cociente intelectual" y de dividir, casi matemáticamente, a los estudiantes, entre inteligentes y torpes, o entre listos y tontos, resulta que ni los tontos eran tan tontos, ni los listos eran tan listos... ¿Qué es lo ha pasado...? Pues, sencillamente , que los "medidores" no habían sido tan exactos y objetivos como se había pensado.
Muchos eminentes educadores modernos piensan que la inteligencia emocional es más importante que la meramente intelectual y es que, para triunfar en la vida, no sólo hay que poseer una alta dosis de conocimientos de las distintas ramas del saber, sino que es de absoluta necesidad también, el tener capacidad para relacionarse positivamente con los demás, el gozar de una notable autoestima, el poseer ánimo para superar las dificultades, el valorar a las personas, el no abatirse por los fracasos, el desarrollar la voluntad y el carácter para rechazar todo tipo de tentaciones...
Hay que desarrollar la afectividad y, por otro lado, saber manejar las propias emociones. Una persona capaz de sentir emociones es una persona (dice la gente) "con corazón". El corazón ha simbolizado, en la mayoría de las culturas, el centro de la persona, donde se fusionan la complejidad de sus múltiples funciones: lo afectivo y lo racional, lo instintivo y lo intelectual, lo espiritual y lo material... Una "persona de corazón" no quiere decir que sea sensiblera, sino que ha alcanzado la coherencia, la madurez y el equilibrio que le permiten ser, a la vez, objetiva y cordial, apasionada y lúcida, realista y positiva.
Saber manejar lo emocional es tener una personalidad integrada. Sólo quien ha llegado a una armonía consciente con el fondo de su ser, consigue alcanzar la madurez y la unidad personales.
No es igual poseer ciencia a poseer sabiduría. Lo primero, aún que sea muy importante, siempre es parcial. En cambio, la sabiduría abarca la totalidad de la persona: el saber, el ser y el hacer. Un saber que se transforma en actitudes interiores positivas y en compromisos solidarios con los demás.
Da la impresión de que nuestro sistema escolar y nuestras universidades están más abocadas a promover científicos más que sabios.
Sin duda que son muy importantes los conocimientos, la ciencia, lo técnico... Las nuevas tecnologías abren muchas posibilidades de trabajo a nuestra juventud. Pero, al mismo tiempo, las emociones son esenciales para el ser humano ya que a través de ellas damos sentidos a las personas , a nosotros mismos y a las cosas. No se debe minusvalorar lo intelectual, pero toda auténtica educación debe integrar a lo emocional sino quiere limitarse a ser mera instrucción o aprendizaje.
Es lo que se quiere expresar actualmente cuando se habla de "educación holística". Le educación holística parte de una visión integral e integradora de la persona , de la naturaleza y de la sociedad. La palabra "holística" de deriva del griego "holos" y significa "todo". La holística se refiere a la "totalidad" de la persona , no limitándose a una o varias "partes".
Es un error el pensar que un alumno va a tener más éxito en la vida sólo porque saque mejores notas en matemáticas. Eso le podrá ayudar en algunos casos, pero no será lo determinante en su existencia. La inteligencia se prueba no solamente en los números, sino en la compleja variedad de situaciones y desafíos que nos presenta la vida
Es lamentable que tantos padres y madres de familia, así como maestros y profesores, no hayan percibido el papel fundamental que para todos los educandos tiene el desarrollo de la inteligencia emocional.
Tenemos la impresión de que, en nuestro ambiente escolar y universitario, hay una orientación muy marcada, por no decir exclusivista, hacia el área del saber, con insistencia casi total en lo cognoscitivo. Cometeríamos un grave error si a eso reducimos la educación. La verdadera educación abarca toda la complejidad del ser humano y todas sus relaciones, ya sea presentes o futuras. Es un grave error preparar a nuestros jóvenes para que puedan superar y vencer toda una interminable batería de exámenes. Se le debe preparar, no para el examen o la promoción o el título, sino para la vida. Los exámenes son un medio, no un fin
 
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Nº 12. Establecer límites, saber decir que no. Bernabé Tierno.
Psicólogo y psicopedagogo.
Como padre, a veces me veo obligado a imponerme y decir no, especialmente en cosas que no me parecen negociables, como por ejemplo quedarse a ver la tele hasta muy tarde, ver películas o programas nocivos, comprar caprichos, etc. ¿Existen otras alternativas?
No conozco otra alternativa para que los hijos aprendan el comportamiento adecuado y se preparen para la vida que la firme voluntad de los padres en no dudar a la hora de establecer unos límites y decir no cuando sea necesario. Si obramos así, también un día nuestros hijos aprenderán a establecer sus propios límites. El problema está en que esa necesaria firmeza no obliga a pagar un precio: que los hijos se enfaden, nos ignoren, digan que somos malos y que no les queremos. Pero no se inquieten los padres más emotivos y débiles porque ese posible resentimientos y enfado es momentáneo y un día agradecerán nuestra “amorosa” firmeza. Tomando como referencia el problema que tiene Rafael con sus hijos y los problemas de la tele, me invento el posible diálogo entre padre e hijo.
Hijo: Papá, déjame ver Crónicas Marcianas o la película N.
Padre: Comprendo que te encante ver la tele. A mi también me gusta, pero el programa que mencionas (o la película N) no es recomendable para un niño de nueve años. Yo mismo no veo esos programas.
Hijo: A mi no me importa que tú los veas o no. Además no es verdad que no los puedan ver los niños, porque muchos chicos de mi edad los ven y sus padres no dicen nada. No hay derecho, siempre me tratas como a un niño pequeño.
Padre: Hijo, te aseguro que quiero lo mejor para ti y tengo claro que ese programa (o película) no es en absoluto conveniente para chicos de tu edad y puede perjudicarte. Mi respuesta es no, y es definitiva. Si otros padres permiten que sus hijos vean programas poco recomendables, es su problema. [en tono amable…] Seguro que encontramos otros programas y películas muy divertidos, que te encantarán, y adecuados a tu edad.
Aquí hay algunas observaciones importantes que realizar. El padre comienza a decirle a su hijo que comprende  que le encante ver la tele (empatía) y además durante todo el diálogo sabe mantenerse firme, sin descalificar ni amenazar al hijo. Sabe sintonizar el tacto en las palabras que dice al hijo, la firmeza en manifestar lo que le perjudica y el deseo de buscar lo que le conviene, aunque no le guste.
Observamos también que no le importa que el hijo se muestre contrariado o enfadado y da pocas explicaciones; sólo las justas y con rotundidad. Si hubiese utilizado expresiones ambiguas o vacilantes como “ya veremos”, “tal vez”, “a lo mejor”, el niño habría captado el tono de fragilidad del padre y seguiría insistiendo hasta lograr su objetivo.
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Nº 15. Una enseñanza eficaz. Eloisa Biurrun
Para conseguir que las cosas cambien y crear una realidad diferente no es suficiente con imaginar una distinta; aunque este sea, sin duda, un buen comienzo. Además de tener una idea clara de lo que quieres conseguir debes disponer de unos procedimientos para modificar la situación actual y llegar a la que tu deseas. Por eso, una de las capacidades que más hay que fomentar entre el profesorado es la de indagar y reflexionar sobre cómo lograr las condiciones para que todos los alumnos aprendan.
El aprendizaje de los alumnos debe involucrar a los docentes, no solo en la adopción de nuevos materiales sino también en adquirir nuevos conocimientos, adoptar unos nuevos comportamientos y en modificarlos.
Esto no es posible sin pasar por un período de desestabilización. Sin ello es improbable que se produzca un cambio satisfactorio y duradero.
El cambio es un proceso en que las personas deben alterar sus formas de pensar y de hacer. Se crea una sensación de ansiedad y sentimientos de incompetencia, una turbulencia interna que es importante superar.
Podemos enumerar una serie de condiciones para la mejora efectiva de las clases.
Estas deben comenzar por un desarrollo profesional y una formación permanente por parte del profesorado.
También es fundamental realizar una planificación del curso teniendo en cuenta que esta debe ser lo más flexible posible y adaptarse igualmente a la marcha de cada curso y de cada conjunto de alumnos. (Nunca un curso es igual y debemos estar abiertos a cambiar el rumbo sobre la marcha).
Esto incide también sobre la idea de la participación.  Cuanto más se fomente la participación de los alumnos en la clase, más sencilla será la tarea del profesor puesto que entonces podrá adoptar una tarea de coordinador de las actividades de la clase.
Otra de las funciones que debe desempeñar el profesor es el de liderazgo de la clase, puesto que aunque se fomente la  participación de los alumnos, no se debe perder nunca el rumbo hacia el cual vamos.
La función del profesor se convierte en fundamental, en tanto es él quien debe reconducir la clase hacia el fin deseado.
Un último apunte sobre las funciones que debe desempeñar el profesor es el de ayudar a retomar las riendas de la materia para reflexionar sobre los avances alcanzados y las metas que todavía quedan por conquistar.
La reflexión sobre el comportamiento, sobre las actividades, sobre las propias destrezas y sobre las colectivas, son materia de análisis que serán de gran ayuda para una mejor comprensión de la materia.
Avanzar hacia una enseñanza eficaz se enfrenta con un dilema fundamental:
¿Cómo trabajar con el grupo y al mismo tiempo llegar a cada alumno individualmente?
Podemos considerar tres opciones.
En primer lugar podemos optar por mantener un nivel que nosotros consideremos adecuado. Si los alumnos son capaces de llegar a ese nivel todo será perfecto. El problema vendrá cuando, con toda seguridad, un nada despreciable porcentaje de alumnos no alcancen el nivel deseado y queden así excluidos del ritmo de la clase.
Una segunda alternativa es establecer un “compromiso de mínimos” en el cual se da ya por sentado que ese porcentaje de alumnos no va a llegar nunca a ese nivel básico. Con ello el nivel de la materia que se imparte alcanza en muchas ocasiones niveles bochornosos para evitar que una parte importante de alumnos queden descolgados.
Por último, y como opción más deseable, se encuentra el tratar de estimular y apoyar la participación de todos y cada uno de los alumnos, ampliando la propia capacidad de adaptación del profesorado.
Es en esta última opción donde el profesorado debe tomar la iniciativa y la responsabilidad de adaptarse y de encontrar el camino de la comunicación hacia todos los alumnos, adoptando nuevas técnicas, nuevas formas, nuevos hábitos que consigan acercarle a la mayoría de los alumnos.
Esta tercera opción es la que da la posibilidad de favorecer el aprendizaje de todos los alumnos.
Los maestros que parecen más eficaces proporcionan experiencias que facilitan la participación de los alumnos.
Suelen reconocer que las fases iniciales de cualquier aprendizaje son importantes y por eso tratan de ayudar a los alumnos a recordar experiencias anteriores y a saber con qué tienen que relacionar lo que tiene que aprender.
Un buen maestro utiliza el potencial del alumno y le hace pensar en voz alta.
Este es un magnífico ejercicio que nos permite aclarar las ideas además de estimular al resto de la clase.
La presentación de nuevos materiales e ideas también estimula la participación.
No hay nada que genere más expectación y atención en una clase que ver aparecer al profesor con materiales nuevos (un casette, un video, diapositivas, libros, mapas, cartulinas, etc...)
Las mejores relaciones entre profesor y alumno se basan en una consideración positiva hacia los alumnos. Se basan, a sí mismo en la comprensión y muestran que la comunicación con los alumnos supone tanto escuchar como hablar.
En este tipo de clases los alumnos pueden elegir y asumir riesgos sin temor a ser censurados o ridiculizados por sus opiniones.
La esencia de esta relación se describe como “consideración positiva incondicional”.
El profesor debe demostrar coherencia y justicia en sus acciones. Los alumnos no esperan otra cosa de sus profesores sino que hagan “lo que tengan que hacer” y “hagan lo que dicen”.
Desarrollar destrezas de escucha es otra de las claves para conseguir una clase eficaz.  Los profesores están muy atentos a lo que ocurre en clase, sin embrago esto no siempre refleja una comunicación, puesto que en muchas ocasiones más parece que estén vigilando de que se respete el orden en lugar de responder a las expectativas académicas de sus alumnos.
Un profesor debe estimular las conductas de elección, enseñar al alumno a responsabilizarse y a que asuma sus propios riesgos. Para ello hay que ofrecerles experiencia nuevas y oportunidades de experimentar nuevas conductas, incluso experimentar el fracaso como parte importan del aprendizaje.
El profesor debe establecer unos límites, no para restringir las capacidades del alumno sino para liberarlas. Esto incide directamente en el clima de la clase. Las reglas deben de ser claras y basadas en los intereses del alumno. Se deben establecer unas recompensas y sanciones que promuevan la autodisciplina y la autoestima. El profesor debe tener consistencia a la vez que flexibilidad al responder a los alumnos ya los acontecimientos.
La motivación y el elogio eficaz dirige la atención hacia el progreso y el rendimiento. El elogio debe ser sencillo y directo, sin aspavientos, variado, acompañado por la adecuada comunicación no verbal, evitando enunciados ambiguos y deben ser expresados, por regla general, en privado.
La información a los alumnos, acerca de su actuación, a medida que van realizando sus tareas, es esencial para que los alumnos atribuyan sus logros a su propia motivación intrínseca.
La planificación de las clases y actividades es fundamental para el éxito.  Las destrezas necesarias se desarrollan a través de la experiencia profesional.
Estas destrezas pueden ser de organización (ordenar materiales e información), de análisis (analizar fuentes complejas de información), de síntesis (crear argumentos con las ideas), de presentación (clarificar la información) o de evaluación (juzgar el trabajo para darles información adecuada).
La eficacia de un profesor está en él mismo, en sus diversos modelos de enseñanza, en su diversidad de estilos y enfoques, en su conjunto de destrezas y en su capacidad para hacer de la enseñanza un arte.
 
Nº 16. EL ALUMNO KINESTÉSICO Y EL FRACASO ESCOLAR
El alumno kinestésico es la oveja negra del sistema educativo. La gran mayoría de los fracasos escolares no motivados por falta de capacidad o por motivos socioculturales, se concentran en alumnos cuyo sistema de pensamiento está basado en kinestesias.
Si te pido que recuerdes la última vez en que comiste un helado de chocolate, ¿ves, oyes, sientes, hueles o saboreas? Quizá ves una imagen de ti mismo mientras comes el helado. Tal vez notes la textura del helado en tu boca, o salives al oler en tu memoria la fragancia del chocolate. Puede ser que oigas decirte a ti mismo lo bueno que estaba el helado o recuerdes la frase que te dijo alguien mientras te lo comías. O puede ser que te venga a la cabeza una canción que en aquel momento estabas tarareando. O cualquiera de esas combinaciones a la vez. Nuestro pensamiento está basado en los sentidos: vemos, oímos o sentimos (sensaciones táctiles, olores, gustos).
De la misma manera en que sentimos de varias formas, también aprendemos de modos diversos. El alumno kinestésico es el que predominantemente utiliza accesos de pensamiento kinestésicos, relacionados con sensaciones de tacto, de movimiento.
Oscar arrastra un fracaso escolar desde primaria. Ahora tiene 13 años y todos están desesperados. Sus padres porque creen que es un chico inteligente, pero no le da la gana de estudiar. Sus profesores porque no pueden hacer que preste atención, siempre se está moviendo, alborota la clase. Y él mismo porque ir al Colegio es un tormento diario: es aburrido, insoportable. Además, tiene la sensación de que ha fracasado, no sólo en los estudios, sino también en la vida.
Oscar es un chico kinestésico, su sistema predominante de pensamiento es a través del tacto. Cuando un profesor le explica algo con palabras, Oscar no entiende nada. Si se lo muestra con una imagen, tampoco. Oscar tiene la necesidad de tocar. Y toca, lo toca todo, las cosas, las personas. Cuando toca, aprende. Es, además, un chico muy afectuoso, emotivo. Siempre se está moviendo, se balancea en la silla, marca el ritmo golpeando el suelo con sus pies, baila. Realmente no está nunca quieto.
Sus padres y sus profesores estaban muy preocupados. Cuando Oscar se sentó en mi despacho comenzó a tocar una y otra vez el respaldo de la silla, la mesa, los papeles. Todos dicen que es muy nervioso, aunque en realidad él no tiene interiormente esa sensación. Simplemente lo que ocurre es que para acceder a la información externa lo hace tocando. Le dije a su tutora que hiciera una prueba en clase, que explicara algo nuevo mientras dejaba que Oscar limpiara a su aire los utensilios que habían usado en la clase anterior de pintura. Mientras ella explicaba, Oscar parecía absorto en la limpieza, moviéndose de un sitio a otro. La sorpresa fue cuando le preguntó la lección y Oscar, sin parar de moverse, se la había aprendido perfectamente. Oscar aprende mientras se mueve. Y hasta entonces todos los profesores le habían ordenado estarse quieto.
Elisa es otro caso parecido. Tiene diez años y nadie apuesta un dólar por su aprendizaje. Ha ido pasando de curso en curso sin aprender. Lo raro, dicen todos, es que no tiene un pelo de tonta y se acuerda perfectamente de cualquier película que le interese. Cuando le pedí que me contara la última película que había visto, Elisa no pudo contener su emoción al describirme con todo lujo de detalles cada una de las secuencias. Pero no recordaba las imágenes. Tampoco recordaba los diálogos. Elisa recordaba las sensaciones, las emociones que reflejaba la película. Elisa es predominantemente kinestésica. Y le hemos tenido que enseñar a "traducir" a su sistema kinestésico la información que le llega a través de canales visuales y auditivos. Eso es algo que ella hace espontáneamente en su vida personal, pero que no había aprendido a hacer con los estudios. Los profesores siempre le habían dicho que la mejor forma de estudiar era repitiendo y repitiendo las frases del libro o haciendo esquemas. Pero Elisa no es capaz de seguir las explicaciones orales. A Elisa le encanta dibujar. A través de mapas conceptuales es capaz de ponerle sentimiento a los contenidos del curso. Y así puede aprender, igual que se aprende las películas de memoria viéndolas una sola vez, a través del sentimiento.
Mikel tiene quince años y es el terror de los profesores: no obedece nunca, distrae a sus compañeros, alborota constantemente. Si se le trata de forma individual, es un chico encantador. Tiene un gran éxito en el deporte y juega desde pequeño al ajedrez. Pero Mikel es un chico kinestésico y en el Colegio es un fracasado escolar, no se entera de nada. Es curioso, porque en sexto de primaria sacaba unas notas extraordinarias. Su profesora de sexto curso, era una mujer muy cariñosa, tocaba a los niños cuando les hablaba, les hacía cantar, bailar, dibujar... Se lo pasaban muy bien en clase. Incluso Mikel aprendió ese año. Cuando Mikel recuerda las lecciones que aprendió en sexto curso, lo hace a través del olfato: "ve" las páginas de los libros a través de distintos olores. Guarda la información asociándola con olores.
Un buen profesor utiliza todos los sistemas sensoriales: Explica las cosas con palabras y las repite todas las veces que sea necesario. También hace esquemas y dibujos en la pizarra. Y hace que los niños que lo deseen se muevan por la clase, puedan tocar las cosas.
Caracteristicas del alumno kinestésico:
Integra los conocimientos nuevos utilizando su cuerpo
Expresa sus pensamiento a través del cuerpo
Se mueve continuamente, no para
Gesticula exageradamente
Dibuja las cosas, los objetos, en el espacio, mientras habla.
Es muy emotivo, muy afectivo
Toca a las personas y a los objetos.
Se tranquiliza cuando se le toca
Se aburre con los profesores tranquilos.
Le gustan las materias técnicas
Tiene una extraordinaria memoria de actuación
Se mueve mientras estudia
Lleva el ritmo con sus pies, con sus manos…
Qué hacer
El educador tiene que facilitar a sus alumnos kienestésicos el acceso al tacto, a que puedan tocar las cosas. Es muy importante que no traten de que estén quietos sin moverse, dándoles oportunidad de dar palmadas, golpes rítmicos, bailes… Un alumno kinestésico aprende más si siente el contacto físico del profesor (una palmadita en la espalda, tocarle en el brazo al hablarle, ponerle la mano en el hombro…) Si es posible, hay que facilitarle objetos para que los toque, no basta con describirlos o enseñárselos por medio de una fotografía.
En la consulta, enseño al alumno kinestésico a traducir la información que recibe a través de otros canales, a su propio sistema de aprendizaje.
Nº 20.- EMPEZAR POR LAS PERSONAS
“Cualquier reforma que pretenda cualquier organización ha de hacerse necesariamente con y por las personas que la integran, son quienes las harán o no posibles en función de sus creencias y  visión de la realidad en la que están inmersos” ¿Pero qué es la realidad?
La mayoría de las personas cree conocer la realidad. Pensemos en nosotros mismos. Hemos tenido unos padres diferentes al de otras personas, amigos diferentes, maestros, amistades, parejas, lecturas, conocimientos, etc. Un sin fin de personas y de experiencias nos han influido a lo largo de nuestra vida, que junto a nuestra experiencia interior han configurado nuestra percepción de la realidad. Fruto de ello tenemos nuestras creencias políticas, religiosas,   costumbres, ... Una particular forma de actuar tanto en lo familiar, en lo personal, profesional, etc. Hacemos  las cosas a la manera con la que estamos familiarizados, creándonos una “zona de comodidad” en la que nos sentimos cómodos.
Las particulares influencias recibidas a lo largo del camino nos hace distintos. Esta unicidad nos hace seres especiales por ser únicos, por tanto también es única nuestra particular visión del mundo y de lo que en él sucede. Veamos un ejemplo: los atentados del 11-M. Hecho objetivo, se dio en un espacio-tiempo con consecuencias objetivas evidentes: muerte, destrucción, secuelas, dolor, etc. Pues bien, las visiones sobre los hechos fueron muy diferentes. No se sintió igual desde Francia, Extremadura, Madrid, el Pozo del tío Raimundo, etc. Los implicados –cada cual lo vio según su grado de afectación, proximidad o sensibilidad. Los terroristas tendrán otra perspectiva. Tampoco los políticos lo vieron de igual forma. …
Es evidente que no fue el hecho, sino la visión personal y sectaria del mundo que cada uno tiene la que nos hace considerar los hechos desde perspectivas diferentes. Los observamos a través de nuestros propios filtros culturales, políticos, religiosos, relaciones externas e internas, etc. Vemos lo que queremos ver, oímos lo que queremos oír, filtramos todo lo que no nos interesa, por tanto no podemos saber cual es la realidad, sólo percibimos una pequeñísima parte de ella, nuestra propia realidad.
En PNL a la realidad se la llama “territorio”, mientras que a la percepción personal de la misma la denomina “mapa”. Cada uno de nosotros tiene por tanto, su propio “mapa” personal del “territorio”. El mapa no es el territorio aunque muchas personas así lo crean.
Imaginemos que estamos viajando por el “territorio” con nuestro “mapa” personal. Recorremos espacios, lugares, detalles, etc., pero llega un momento en que las indicaciones de nuestro “mapa” se terminan; pero más allá de lo que él nos indica existe territorio inexplorado. ¿Qué hacer? Nos arriesgamos a explorar el nuevo territorio, o por el contrario, negamos su existencia por estar fuera de nuestro “mapa” –realidad individual no objetiva, “zona de comodidad”. ¿Nos adentramos a lo nuevo o preferimos seguir creyendo que el “territorio” debe que coincidir necesaria y exactamente con nuestro “mapa”?.
Muchas personas toman esa opción, se cierran ante lo nuevo y tienen enormes dificultades para aceptar aquello que está fuera de su “mapa”. Creen que lo que está fuera de él no existe. Algunos no aceptan la probabilidad de nuevas posibilidades negándose a lo nuevo, al aprendizaje y al crecimiento tanto personal como profesional. Es su opción; pero en tiempos de cambios permanentes como los que vivimos no es la mejor opción. Es necesario abrirse al mundo, a lo nuevo, al aprendizaje y a nuevas posibilidades.
El hombre tardó en llegar a la agricultura casi un millón de años, unos diez mil años más para la industrialización, doscientos años después llega la digitalización. Hasta hace cinco siglos la tierra no empezó a ser esférica, y hace poco más de cuatro el sol giraba alrededor de la Tierra. Hasta mediados del siglo XX para que el conocimiento se duplicara habían de pasar siglos, luego décadas; hoy los conocimientos se duplican cada dos años aproximadamente. En el 2010 el conocimiento se duplicará cada 12 meses.
Los nuevos conocimientos de psicología, pedagogía, sistemas perceptivos, inteligencias múltiples, modelado, coaching, en Tecnologías de la Información y la Comunicación, etc. ha de llevarnos a plantear la enseñanza-aprendizaje desde las nuevas perspectivas que nos dan los nuevos conocimientos. Muchos paradigmas han cambiado en los últimos años. Habrá que analizarlos con el propósito de diseñar actuaciones coherentes y eficaces.
Maestros, profesores y agentes externos a la escuela. observamos la realidad educativa en función de nuestra actividad. Todos creemos tener razón, pero en demasiadas ocasiones, vemos la realidad únicamente desde nuestro “mapa” sin ser capaces de intuir la existencia del territorio, que sería la suma de todas las visiones posibles –colectivos actuantes tanto internos como externos a la escuela.
Formamos un ecosistema y para su equilibrio, todas las partes –colectivos implicados en la educación- tienen que plantearse la posibilidad de sumar, aportando su saber, su experiencia, su trabajo, sus opiniones, y sobre todo sus propuestas de ACCIÓN.
Hablar y quejarse es muy fácil, todos lo hacemos, pero hemos de saber que el mundo no mejora ni evoluciona por palabras, ni por ideas, ni siquiera por argumentos, teorías o los modelos, sino por ACCIONES. Actuar es la única opción posible para mejorar las cosas.
Hay personas a las que no le gusta la “realidad” de su entorno, les gustaría que todas las personas con las que se relaciona cambiasen: su marido o esposa, hijos, amigos, compañeros, etc.; para así seguir siendo tal como se es. ¡Eso no funciona! Si quieres que algo cambie a tu alrededor empieza por cambiar tú, y aunque no lo creas, es la única opción posible.
¿Podrían mejorar los resultados educativos si modificásemos algunas de nuestras acciones profesionales?
Tanto si crees que es posible como si no lo crees, tienes razón. En el primer caso canalizarás tus energías hacia la acción obteniendo resultados; en caso contrario no actuarás con lo que se confirmará tu creencia de que no es posible mejorar. Son las acciones las que determinan los resultados. Si no actúas no te quejes.
Tengo la convicción de que tanto la enseñanza como el mundo es mejorable. Invito a todos los que no lo creen así, se paren un poco y reflexionen, partiendo de la certeza de que si no lo creen no podrán hacerlo posible.
“No son los hechos, sino nuestra percepción de los mismos lo que crea nuestra realidad, y ésta sí  podemos modificarla”.
Un cordial saludo.
Antonio Vega. Maestro y Asesor de Primaria.
 
Nº 21.- Autoestima y coherencia, por Ricardo Ros.
        Vivimos en la mentira. No sólo mentimos a los demás, sino que nos mentimos a nosotros mismos. Mentimos en lo que decimos y mentimos en lo que vivimos. La autoestima requiere que seamos coherentes entre lo que pensamos y sentimos y lo que manifestamos a los demás y a nosotros mismos. Vivimos en la incoherencia y en la mentira cuando mostramos debilidad y en realidad estamos manipulando a los demás; cuando ponemos cara de satisfacción y en realidad estamos tristes; cuando nos relacionamos con personas a las que detestamos; cuando decimos que sabemos la verdad y en realidad estamos llenos de dudas; cuando tratamos bien a todo el mundo excepto a las personas a las que decimos que amamos; cuando nos reímos y necesitamos llorar; cuando expresamos ira y en realidad tenemos miedo; cuando moralizamos sobre los demás y estamos llenos de vicios propios; cuando renunciamos a nuestro valores para ser aceptados; cuando apreciamos las ideas de otros yendo en contra de nuestra propia experiencia que nos dice lo contrario.
        Vivir en la incoherencia es engañar a los demás, pero sobre todo engañarnos a nosotros mismos. Vivimos en la impostura, en la mentira. Y pasa la vida sin darnos cuenta de que estamos renunciando a lo más importante que tiene la vida: la honestidad. Cuando vivimos en el engaño, somos las primeras víctimas, ya que el fraude se dirige hacia nosotros mismos.
Vivir honestamente no significa que tengamos que estar diciendo a todo el mundo lo que sentimos, ni que debamos desenmascarar con críticas cualquier circunstancia. Vivir con honestidad supone vivir conscientemente, vivir de forma auténtica, vivir sabiendo que estamos viviendo. Vivir conscientemente es dejar de ser muertos vivientes. Una persona con la autoestima alta no siempre gusta a los demás, no siempre es aceptada por otros, no siempre es el líder del grupo. Pero es una persona independiente, franca, honesta, abierta, flexible, siempre dispuesta a autoafirmarse, a valorarse, a vivir auténticamente.
 
Nº 22.- ¿Funciona el Sistema Educativo como un sistema?  Antonio Vega.
«Un sistema es una entidad cuya existencia y funciones se mantienen como un todo por la interacción de sus partes. Un sistema no es la suma de sus partes; si las partes no interactúan no es un sistema, es un montón.
En los sistemas, las partes, al estar interconectadas, funcionan como un todo. La disposición y organización de las piezas es fundamental. Cambia si se quitan o ponen piezas. Si se divide en dos, no se consiguen dos sistemas, sino un sistema defectuoso. La eficacia y comportamiento de un sistema depende de cómo se relacionen sus partes más que de las propias partes.
Un montón es la suma de partes y al dividirse se obtienen dos montones más pequeños. La disposición de las piezas no es importante pues cada una funciona por separado. Su comportamiento depende del número de piezas que haya en el montón» (1).
El  cuerpo humano es un sistema constituido por otros muchos subsistemas. Cuando falla alguno de ellos se produce un desequilibrio. La familia es otro sistema, cualquier problema de alguno de sus miembros altera la estabilidad familiar.
Son también sistemas las localidades, regiones, naciones, etc. La Tierra es también un sistema que pertenece al sistema solar, a la galaxia y, por último al universo. Las ideologías también lo son, las multinacionales, los sistemas naturales, … Vivimos en un mundo de sistemas.
Al funcionar como un todo, los sistemas tienen propiedades distintas de las partes que lo componen, son “propiedades emergentes”, pues emergen del sistema cuando éste está en acción. Cuando un sistema funciona, los resultados son extraordinariamente mejores que los que se obtendrían de la simple suma de las partes que lo componen.
La Consejería de Educación es un sistema con diferentes subsistemas como la Universidad con sus correspondientes facultades, la Educación Primaria y Secundaria con sus Centros, los Servicios externos con los suyos, etc. Cada una de las subdivisiones posibles son sistemas.
Las familias, los sindicatos, las editoriales – que también influyen, y mucho, en el Sistema Educativo-, … son sistemas.
Pero, ¿Es nuestro Sistema Educativo un sistema o es un montón? ¿Funcionan los Centros Educativos como montón o como sistema? ¿Los servicios externos funcionan como sistema o como montón?
Cada cual haga su reflexión particular y analice si actúa de una manera o de otra: ¿Vas sólo a lo tuyo o te interesa el resultado del sistema al que perteneces?
Probablemente algunos tengan la creencia (2) de que la culpa de que las cosas no funcionen mejor la tienen los demás. Deja de pensar así, todos formamos parte de un sistema al que debemos aportar lo mejor para su funcionamiento global.
Creo que estamos atascados en un Sistema Educativo que lejos de funcionar como un sistema, lo hace como montón, y que en lugar de diseñar nuevas soluciones adaptadas a la realidad del siglo XXI, continúa anquilosado en modelos que ya han demostrado suficientemente su ineficacia.
Un Sistema Educativo que sólo obtiene resultados aceptables para poco más de la mitad de los alumnos que atiende, que tiene insatisfechos y desmotivados a una gran parte del profesorado y padres, debería plantearse en profundidad sus objetivos y procedimientos para dar nuevas respuestas a los nuevos tiempos que nos ha tocado vivir. Es pues, necesario replantearse las acciones educativas a todos los niveles posibles, y de abajo arriba: desde las instituciones educativas (Colegios, Centros de ESO, …) hasta las decisiones políticas. Todos somos necesarios y responsables de los resultados aunque algunos no lo crean y busquen siempre las responsabilidades en las actuaciones los demás.
Desde los Centros Educativos se podría empezar por reflexionar sobre lo que es significativo y útil de todo aquello que pretendemos enseñar. Igualmente sería conveniente analizar seriamente la diferencia entre lo que los docentes consideramos importante y aquello que las editoriales nos marcan, así como reglamentar internamente las actuaciones convenientes para solucionar los problemas de disciplina en un proyecto común en el que todos los profesionales del centro se sientan comprometidos. Explicitar y llegar a consensos sobre éstas y otras cuestiones importantes es la única opción posible para conseguir que los Centros Educativos funcionen como sistemas, donde los resultados vayan más allá de la suma de las partes.
Los políticos y servicios externos deberían trabajar para solucionar los problemas de gestión, formación, organización, apoyo y demás necesidades que se plantean permanentemente al profesorado. También las Asociaciones de Madres y Padres, Sindicatos y demás instituciones deberán abordar su papel complementario para que el conjunto del sistema funcione.
Es sabido que la influencia sobre el sistema, en lo que se refiere a la enseñanza obligatoria, no sólo lo tienen los políticos, los profesionales de la enseñanza, sino también las editoriales, que son frecuentemente, la referencia básica de lo que se hace. Éstas determinan en demasiados casos los objetivos, conceptos y procedimientos, y hasta los tiempos que han de dedicarse a las distintas áreas y temas. ¡Quizás esto merezca una reflexión a nivel de ciclos o departamentos!
Funcionamos instalados sobre determinadas mentirillas que hemos asumido. Que cada cual determine las propias. Muchos llevamos tres programaciones: la que tenemos por si la inspección la solicita, la que nos ofrecen las guías de la editorial elegida, y la libreta –la auténtica-, pero supeditada en la mayor parte de los casos a aquellas anotaciones que hacemos sobre las propuestas del libro de texto – el catecismo de muchos docentes-; e incluso, dicen que hay quien no tiene ninguna. Igualmente los resultados, en demasiados casos están bastante maquillados. ¡”Ave, y qué vas a hacer”! No resulta agradable airear algunos resultados tan negativos. Y podríamos seguir.
Es importante, conveniente e inaplazable, creo, afrontar los problemas reales con decisión, diseñar y explicitar nuevas actuaciones que inviten a prever soluciones para todo aquello que creemos no funciona adecuadamente, que estén acorde con los nuevos retos que la sociedad actual nos plantea, partiendo inequívocamente de la certeza de que “si seguimos actuando como lo hemos hecho hasta ahora, los resultados que obtendremos serán los mismos que hasta ahora hemos obtenido”.
¡Que cada barco aguante su vela!
Afortunadamente hay muchas personas que encuentran en el trabajo un camino y meta tanto a nivel personal, como en su función y aportación a la sociedad a la que pertenece, que implica tener una visión de futuro y un ideal al que aspirar, algo muy distinto a luchar para sobrevivir en el sistema evitando cualquier tipo de problema o responsabilidad. Las opciones son bien diferentes: la primera exige claridad de objetivos y compromiso, la segunda es más fácil y frecuente. Tienes la libertad de elegir, pero si eliges la primera notarás la diferencia.
Un cordial saludo y mucho ánimo, que lo mejor está por venir.
 
1. Joseph O´ Connor  e Ian McDermott.
2. Aquello que sostenemos como verdadero a pesar de las pruebas de lo contrario.
                                                         antoniovega@badajoz.es